Hemos llegado a un punto alarmante en el debate público, donde se pretende defender lo indefendible, no por razones científicas ni biológicas, sino por presiones ideológicas o, incluso, por una postura abiertamente contraria al orden establecido por Dios. En algunos casos, esta negación de la realidad también responde a intereses políticos y al deseo de oponerse a un partido o corriente específica. Resulta preocupante que una doctora con más de ocho años de formación médica e