DECLARACIÓN PASTORAL EN DEFENSA DE LA DIGNIDAD DE NUESTRAS COMUNIDADES INMIGRANTES
- David Alberto Perez

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Los pastores del Sur de la Florida nos unimos para levantar la voz ante la dolorosa situación migratoria que atraviesan miles de familias en los Estados Unidos. Es por eso que el presidente de la Asociación del Sur de la Florida donde hay un aproximado de mas de 900 congregaciones hispanas escribió una carta al presiente Donal Trump, mostrando nuestra preocupación sobre las formas que se están utilizando.
Como pastor de Cambios Church, levanto mi voz para expresar el dolor, la angustia y la profunda preocupación que viven nuestras comunidades hispanas. Muchos miembros de nuestras congregaciones sienten temor ante políticas y procedimientos migratorios que están afectando a familias honradas, trabajadoras y temerosas de Dios; personas que desean contribuir al bienestar de esta nación mediante su trabajo, sus valores, su fe y su aporte económico y social.
Nos preocupa que años de buen testimonio, esfuerzo, servicio y contribución a la comunidad parezcan no ser considerados, y que todos sean juzgados bajo un mismo perfil. Toda nación tiene el derecho y la responsabilidad de aplicar sus leyes y proteger a sus ciudadanos; sin embargo, dicha autoridad debe ejercerse con justicia, humanidad, proporcionalidad y respeto al debido proceso. La aplicación de la ley nunca debe desconocer la dignidad inherente de cada ser humano.
Al comienzo de esta administración se expresó la intención de combatir a quienes han causado daño mediante el tráfico de drogas, la violencia y el crimen. Apoyamos todo esfuerzo legítimo dirigido a proteger a nuestras familias y comunidades. Pero no se puede medir con la misma vara al delincuente y al padre de familia que trabaja honradamente; al criminal y a la madre que lucha por sus hijos; al pandillero y al creyente que sirve silenciosamente a su comunidad. Tratar a todos como si fueran iguales no es justicia: es una grave injusticia ante la sociedad y ante los ojos de Dios.
Me duele escuchar lo que muchas personas sienten que deben hacer para evitar ser detenidas después de trabajar diez o doce horas bajo el sol para sostener a sus familias. También nos alarma conocer casos de personas a quienes, durante sus procesos migratorios, presuntamente se les ha advertido que podrían ser deportadas a países africanos, aun siendo de nacionalidad colombiana. Toda determinación migratoria debe respetar las garantías legales, el derecho a presentar su caso y la protección contra decisiones arbitrarias o intimidatorias.
Jesús nunca condenó a una persona por ser extranjera. Por el contrario, se identificó con el forastero y declaró: “Fui forastero, y me recogisteis” (Mateo 25:35). La Palabra de Dios también nos ordena: “Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo” (Levítico 19:34). Nuestro Señor confrontó severamente a quienes, teniendo autoridad, la ejercían sin misericordia, justicia ni compasión.
Por esta razón, me uno a la Asociación de Pastores del Sur de la Florida, de la cual tengo el honor de formar parte de su Junta Directiva. Pero hoy no hablo solamente desde una posición ministerial; hablo como pastor, como padre y como alguien que sirve junto a personas nobles que procuran un futuro mejor para sus hijos y desean contribuir al bienestar de esta nación.
¡No son delincuentes! ¡No son pandilleros! ¡No son criminales!
Son seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios. Son padres, madres, jóvenes y niños con dignidad, sueños y esperanza. Son personas que trabajan, sirven, producen y enriquecen moral, social, económica y espiritualmente a nuestras comunidades.
Nuestra voz no se levanta contra la ley, sino a favor de una aplicación justa y humana de la ley. No pedimos impunidad; pedimos justicia. No defendemos el crimen; defendemos la dignidad humana. No promovemos el desorden; clamamos por procesos legales que distingan responsablemente cada caso y respeten los derechos fundamentales de toda persona.
Como Iglesia, no podemos permanecer indiferentes ante el sufrimiento de nuestro prójimo. Continuaremos orando, acompañando a las familias, promoviendo la paz y levantando nuestra voz con firmeza, dignidad y amor. Creemos en una nación segura, pero también justa; firme en el cumplimiento de sus leyes, pero compasiva con quienes buscan una oportunidad para trabajar, servir y vivir en paz.
“¡Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno! ¿Y qué pide el Señor de ti? Solamente hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:8).
Rev. David Alberto Pérez Pastor de Cambios Church Miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Pastores del Sur de la Florida

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